Solo sueños

Había miedo. En sus ojos. Los pequeños que le miraban asustados. Y él descargaba su furia, violencia que lastima siempre, dejando marcas, como otras veces. Sentía el llanto, pero parecía alimento para su actuar. Las voces que imploraban no detenían su mano. Las manos que se cubrían no bastaban para protegerse y conducían al llanto. Las lágrimas se mezclaban con el miedo.
Miedo.
Y abrió sus ojos, y el miedo se apoderó de el. La respiración entrecortada, el reloj mostrando las 3. Faltaba mucho para el sol. A veces el miedo se transformaba en esperanza, al pensar que estaba todo bien. Como esta vez. Se levantó y fue a la habitación de los pequeños.
Paz. Silencio.
Siempre le calmaba tanto el corazón saber que estaban bien, y al mismo tiempo se despertaba su preocupación, que nunca despertaría su sueño, su pesadilla tan temida en la que causaba daño a los más queridos.
Repitió un beso para cada uno. Los miró con atención. Y como sintiendo su presencia, uno de ellos pareció entornar sus ojos, y le regaló una sonrisa. Esa que siempre era capaz de quebrarle el alma. Ya saliendo sintió su voz frágil, suave, única:
- Te quiero.
A veces piensa cómo es capaz de dejar escapar alguna lágrima al escuchar esas dos palabras antes de responder, y cómo igualmente sus pesadillas logran atraparlo tantas veces. Por qué espera siempre a la vuelta de la noche para hundir el puñal del peor temor.
Esta vez se giró antes de apagar la luz y observó atento esos rostros inocentes, juguetones, llenos de su futuro. Y se aseguró que en la realidad siempre sería distinto, como hasta ahora. No habrá miedo, solo su protección todo el tiempo. Y trató de calmar sus temores.
Son solo sueños. Malos sueños.
Con ese temor enfrentó su cama. Quisiera quedarse con esos rostros bonitos. Y no volver a soñar jamás, se es que los sueños hacen daño. Pero se fue durmiendo. Y abrazado de sus pensamientos en donde los pequeños, a su vez, le abrazaban, se repitió en silencio que aquellos eran simplemente malos sueños.
Solo sueños.